El entorno

be-photo

El entorno

El macizo de los puertos es una formación inesperada, un misterio geológico que corta, como si fuera un cuchillo, la rutina interminable de una llanura de olivos. Los Ports acaban tal como han empezado, con un precipicio, sin avisar. Antes, sin embargo, nos han dejado una multitud de paisajes fascinantes, el endemismo único de su fauna y flora y un reguero de pueblos de otra época.

Fredes es uno de estos pueblos, es la joya de Els Ports, un instante congelado en piedra, compacto dentro de su pequeñez y grandioso en su testimonio de tiempos pasados y futuros. Aunque gira entorno a una trashumancia activa y eso le condiciona una arquitectura especial, clara representante de la manera de vivir de principios de siglo. Encontramos balcones de madera del Bajo Aragón, fuentes de agua fresquísima y bebederos para el ganado.

A pesar de su tamaño, Fredes es un pueblo bien conocido. Sus setas, aparecidos bajo el blando musgo del suelo, son el motivo de esta fama. A 1.090 metros sobre el nivel del mar, los níscalos se aprovechan de un clima único, con alturas pirenaicas y vistas sobre el Mediterráneo.

Los dos restaurantes del pueblo brindan la oportunidad de disfrutar de una gastronomía basada en las carnes de caza y las ollas de campo, en las brasas y la piedra caliente como métodos de cocina esenciales. Y si la comida no es la excusa, quizás lo es el fútbol; los dos locales ofrecen, en directo, los partidos de nuestros equipos favoritos.

A Fredes se puede llegar desde el mar y desde la montaña. Los caminos de costa recorren el delta del Ebro, otro monumento natural que yace en el borde. Por su parte, los caminos del interior visitan Morella, saludan su castillo, y siguen adelante, dejando atrás carreteras curvadas y pueblos olvidados por el tiempo.

be-photo
be-photo